INFORME: Agotando el presupuesto de carbono.

En 2008 se empezó con la medición del Índice de Economías de Bajo Carbono. Se calculó que para mantener el crecimiento sin exceder los 2 grados de calentamiento, el G20 necesitaba reducir su intensidad de carbono a un ritmo de 3,5% anual. Durante los cuatro años siguientes, la tasa de descarbonización no llegó a superar el 0,7%. Para 2012, para recuperar el terreno perdido, la tasa se había elevado al 5,1%, lo que exigía un ritmo de descarbonización que nunca se había alcanzado, ni por un solo año, y que se mantenga durante todo el siglo.

El informe de este año señala que el desafío se eleva una vez más. El modelo muestra que ahora es necesario reducir la intensidad de carbono en un 6%, anualmente, hasta el 2100. Esto representa más de ocho veces la tasa de descarbonización actual. Aun si se duplica la tasa de descarbonización actual, del 0,7%, eso nos sitúa en una trayectoria que se corresponde con el supuesto más extremo presentado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), y un potencial calentamiento de unos 4°C para 2100. Si continúa la tendencia actual, agotaremos el presupuesto de carbono de todo el siglo hacia 2034, sesenta años antes. Para decirlo claramente, estamos llevando el presupuesto de carbono a su límite.

“Tres factores justifican el pesimismo. En primer lugar, el Quinto Informe de Evaluación del IPCC afianzó el consenso científico que ve una vinculación entre las emisiones de carbono generadas por el hombre y el cambio climático. Segundo, el Banco Mundial, con su informe ‘Turn Down the Heat’, pone de relieve los costos sociales y económicos de un calentamiento de cuatro grados. Tercero, varias soluciones tecnológicas portentosas −la apuesta fuerte a una descarbonización de alto rendimiento− comienzan a fallar. La energía nuclear, a pesar de que el Reino Unido anunció su primera central nueva en veinte años, está en retroceso en Japón y Alemania. La implementación de captura y almacenamiento de carbono parece estar frenada, y ningún proyecto a escala comercial integra esa técnica con la generación de energía. El gas de esquistos está desplazando al carbón en los Estados Unidos, pero el menor costo del carbón contribuyó a su mayor consumo en Europa el año pasado. Nuestro modelo muestra que 92% de la pequeña reducción en la intensidad de carbono lograda el año pasado se debe principalmente a un factor, las mejoras en la eficiencia energética. Este dato es positivo, pero existe la posibilidad de que la mejora incremental de la eficiencia comience a disminuir a medida que se requieran más esfuerzos”.

Sin embargo, este informe señala algunas acciones  optimismo: Brasil, Francia y Argentina presentan economías con emisiones de carbono notablemente más bajas por unidad de PBI; China da el ejemplo de usar el método de ponerle precio al carbono para cubrir los riesgos y fomentar la innovación en el sector de tecnologías limpias; en todo el mundo una cantidad de ciudades y distritos aportaron altos niveles de descarbonización y al mismo tiempo elevaron su calidad de vida; y en el campo de la tecnología, los costos de las energías renovables continúan bajando aceleradamente.

Ver informe completo aquí.

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