Bolivia soporta segundo embate por inundaciones

Por Katiuska Vásquez. Los Tiempos – 2/03/2014. Bolivia soporta por segunda vez, en seis años, uno de los peores embates a causa de las inundaciones.  Beni, Cochabamba y La Paz han sido las regiones más impactadas por la crecida de los ríos que han dejado bajo el agua viviendas, haciendas, cultivos, caminos y han cobrado la vida de 60 personas. Las cifras oficiales dan cuenta de 60.000 familias golpeadas por las intensas lluvias en el país, 19.600 de ellas en Cochabamba y 8.000 en el Beni. Sólo en la Amazonia boliviana hay 16 millones de hectáreas anegadas que han reducido al mínimo el alimento de 3,5 millones de cabezas de ganado. Los empresarios calculan que hasta la fecha han muerto ahogadas 200.000, pero, los reportes oficiales registran 58.000.

En Cochabamba, las inundaciones han dejado a su paso destrucción en Cliza, Punata, Colcapirhua, Morochata, Sacabamba, Capinota y el trópico de Cochabamba. Las comunidades indígenas han sido desplazadas de su territorio hacia Villa Tunari y Chimoré hasta que las aguas bajen. El reporte oficial establece en 19.600 las familias impactadas por los desastres naturales, 16.500 hectáreas de cultivos dañadas y más de 200 destruidas.

En 2008, cuando el fenómeno de la Niña afectó al oriente y los valles, los datos oficiales revelaban la existencia de 41.557 familias afectadas y 49 fallecidos por las inundaciones. Ante ese panorama, considerado un “desastre mayor” que el registrado en 2007, el Gobierno nacional declaró “Situación de Desastre Nacional” a través del Decreto Supremo No 29438, el 12 de febrero de 2008.

Entonces, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, describía la situación así: “Hay un desastre de mayor proporción que el registrado en 2007. Los afluentes del río Ibare están rodeando el anillo de circunvalación que protege la ciudad de Trinidad y el nivel de agua superó en 10 centímetros respecto a nivel que alcanzó el año pasado”, según los registros de prensa.

Seis años después, las cifras oficiales son distintas y muestran un panorama aún más grave que en 2008. Pero, la declaratoria de desastre se ha convertido en un motivo de tensión entre la Gobernación y el Gobierno.

Entretanto, en poblaciones como San Borja, Riberalta, Rurrenabaque, Santa Ana y Trinidad hay más de 2.000 familias en albergues, que dependen de la asistencia humanitaria. Otros damnificados viven al borde de los caminos, en chapapas en los árboles y en canoas. El desborde de las plantas de oxidación ha agravado la situación y multiplicado los problemas ambientales. Aunque, por ahora, las lluvias parecen haber dado una tregua, se teme el brote de epidemias y hay incertidumbre sobre el cronograma de reconstrucción de casas, servicios, caminos y la reactivación económica.

A continuación, se presenta una síntesis de las notas publicadas sobre las inundaciones por Los Tiempos, en 2008. En la secuencia se refleja la magnitud del desastre y los argumentos que respaldaron la decisión.

La declaratoria de 2008

A diferencia de 2014, el Gobierno nacional decidió declarar “desastre nacional” a través del Decreto Supremo 29438 a causa del enorme daño que provocaron las intensas lluvias como efecto del fenómeno climático de La Niña, que afectó a 43 mil familias y causó la muerte de 51 personas.

El decreto amparado en la Ley  2140 definía un desastre como: “la situación de daño grave o alteración de las condiciones normales de vida de un territorio determinado ocasionado por fenómenos naturales, tecnológicos o por la acción del hombre y que puede causar pérdidas de vidas humanas, materiales, económicas o daño ambiental y que requieren de la atención especial por parte de organismos del Estado y otras entidades de carácter humanitario o servicio social, sean estas públicas o privadas”.

A pesar de los estragos que han causado las lluvias en el Beni, Cochabamba y La Paz, esta gestión, el Gobierno mantiene su decisión no declarar desastre departamental en la Amazonia.

2008 y 2014, dos años críticos por las intensas lluvias

EL DESASTRE Y LOS RECURSOS ECONÓMICOS

Tras la declaratoria de “desastre nacional” el Gobierno logró disponer de un fondo de 50 millones de dólares para la atención de las emergencias en el país. También se abrió la posibilidad de que la ayuda internacional coopere al país con 30 millones de dólares. Los recursos se destinaron sobre todo en la reconstrucción de viviendas en las regiones más afectadas por el fenómeno de La Niña 2007-2008. Los recursos permitieron que más de 200 familias del trópico de Cochabamba cuenten con una vivienda, luego de que los ríos arrasaran con comunidades.

En 2014, el Gobierno ha destinado alrededor de 19 millones de bolivianos para la atención de los problemas ocasionados por las lluvias. A ello se suma que cada departamento y municipio ha presupuestado recursos para la asistencia humanitaria. Sólo en Cochabamba áun hay más de 300 familias que viven en albergues, la mayoría de ellas en las regiones de Morochata e Independencia, afectadas por el riesgo de deslizamientos, como el que sepultó a la comunidad de Chullpa K’asa Chico, a principios de febrero. En el valle alto al menos 60 familias requieren de una nueva vivienda para retomar su vida. La misma situación se repite en las comunidades indígenas del trópico (En la imagen la noticia publicada el 12 de febrero de 2008 por Los Tiempos sobre la emergencia en el Beni).

EL DRAMA DE LAS FAMILIAS SE REPITE

“Beni: el desastre acecha Santa Ana” y “ Beni Ahogado” fueron los principales titulares a través de los cuales la prensa local reflejó los daños provocados por las inundaciones en la Amazonia boliviana. Al igual, que las imágenes que se ven hoy en día en los municipios del Beni, como Santa Ana, San Borja y Trinidad, la gente abandonaba sus viviendas con lo que podía rescatar y se trasladaba a los refugios. Seis años después, las regiones orientales viven una situación igual de dramática que en 2008 por la crecida de los ríos. Si bien la capital beniana, Trinidad, no ha sufrido todo el impacto de las riadas por la construcción del anillo protector de la circunvalación, que este año fue reforzado por la Fuerza Binacional Bolivia-Venezuela, las comunidades y puertos han quedado bajo el agua, provocando que las familias pierdan sus casas, cultivos y opten por desprenderse de sus hijos mayores al enviarlos a Santa Cruz a trabajar mientras pasa la emergencia. El Gobierno ha respaldado su decisión de no declarar desastre este año en los recursos que disponen los municipios y la Gobernación, que llegan a 580 millones de bolivianos, ya que el Gobierno ha respondido a las necesidades de los afectados y porque no se puede permitir por “dignidad” la injerencia de la cooperación (La imagen la nota del 14 de febrero de 2008).

LAS EMERGENCIAS EN EL BENI

DÍAS DIFÍCILES EN BENI

“El agua y la angustia no dejan de crecer en Trinidad”, con esas palabras el periódico Los Tiempos describía la situación de emergencia que vivía la capital beniana a principios de febrero de 2008, cuando la población fue declarada en alerta roja y se decidió construir el anillo de protección de la circunvalación para reducir el impacto del desborde de los ríos.

Al igual que en la imágenes que se ven hoy en la prensa sobre las inundaciones en el Beni, en la publicación de 2008 se aprecian poblaciones rodeadas de agua, casi convertidas en islas, aisladas por falta de caminos y afectadas por la falta de alimentos. Sólo sobresalen los techos de palma y la copa  de los árboles.

En 2008, Beni soportó uno de los mayores desastres y en 2014 se han tomado varias previsiones para proteger a la capital. Sin embargo, las comunidades han sufrido por la crecida de las aguas. Sólo en febrero el Gobierno nacional ha enviado 150 toneladas de alimentos al Beni para acopiar y distribuirlas entre los damnificados. En Rurrenabaque al menos 2 mil familias pasaron varios días en albergues.

REGIONES AFECTADAS POR DESBORDES

Un día después de que el Gobierno nacional declaró “desastre nacional”, el 12 de febrero de 2008, la gente en Trinidad acarreaba sus pertenencias hacia zonas seguras y los refugios habilitados. En 2014, la escena se volvió a repetir a mediados de febrero cuando un turbión amenazó con superar el anillo de protección de la circunvalación. Sin embargo, el trabajo en equipo de los vecinos, la Fuerza Binacional Bolivia-Venezuela, los empresarios, la Alcaldía y la Gobernación evitó que el defensivo colapse. A pesar de estas medidas, hay regiones como Riberalta donde las intensas lluvias provocaron el rebalse de la planta de oxidación y provocó que el Concejo Municipal declare “desastre bacteriológico”. Por ello se teme que luego de que las aguas bajen, broten las enfermedades. En tanto, el municipio de San Borja declaró desastre natural por las pérdidas del sector productivo. En Santa Ana, la situación aún es incierta, debido a la perdida  de fuentes de trabajo.

En otras regiones como Pando, el valle alto y el trópico de Cochabamba unas 200 familias se han quedado sin viviendas a causa de la crecida de los ríos.

LA SITUACIÓN FUE PEOR QUE EN 2007

En la gráfica del 8 de febrero de 2008 se reflejan las previsiones para la región del oriente que más sufrió por las lluvias. Los informes daban cuenta del ingreso de turbión que anegaría gran parte de la capital beniana. Según los datos de la Organización de Naciones Unidas, la situación fue peor que la registrada en 2007 por el fenómeno climático de El Niño. Las lluvias impactaron entonces a nueve municipios del Beni y a 300 comunidades. El número de familias afectadas, a principios de la emergencia, se calcularon en más de 3.000.

La situación actual da cuenta de que existen al menos 8.000 familias impactadas por los desastres naturales en el Beni y poblaciones enteras que han quedado incomunicadas por el desborde de los ríos. En los últimos días, la Iglesia Católica y el Defensor del Pueblo han convocado al Gobierno nacional a declarar desastre departamental en el Beni. Sin embargo, la instancia central ha reiterado que no corresponde la declaratoría de emergencia y anunció que está en elaboración un plan de reconstrucción, para reponer las viviendas, cultivos e infraestructura dañada por los desastres naturales. Sin embargo, se espera que el agua comience a descender para comenzar con las tareas posteriores a las inundaciones en todo el país.

Fuente: Los Tiempos, Cochabamba

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