Cambio climático, agricultura y pobreza en América Latina

[CEPAL]

Resumen ejecutivo

El cambio climático es uno de los grandes desafíos globales del siglo XXI para alcanzar un desarrollo sostenible; ello atendiendo a sus consecuencias sobre las actividades económicas, el bienestar de la población y los ecosistemas y al esfuerzo simultáneo que implica atender los impactos climáticos negativos, adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y realizar los procesos de mitigación de gases de efecto invernadero requeridos para estabilizar el clima (IPCC, 2007; Stern, 2007). En este contexto, existe un intenso debate sobre las relaciones y pro cesos de retroalimentación que se establecen entre el cambio climático y la pobreza.

El principal objetivo de este estudio es entonces analizar los efectos potenciales del cambio climático sobre la pobreza en América Latina (AL) derivados de la evolución del sector agrícola; ello a través de identificar los impactos del cambio climático sobre el producto agrícola y los efectos del crecimiento agrícola sobre la pobreza en América Latina. Esto es, el cambio climático incide sobre el ritmo de crecimiento económico, en particular en el ritmo de crecimiento económico del sector agrícola que es especialmente sensible a las condiciones climáticas, y a su vez, el ritmo de crecimiento económico del sector agrícola incide sobre la evolución de la pobreza. De esta forma, puede identificarse uno de los impactos potenciales del cambio climático sobre la pobreza, utilizando como canal de transmisión el ritmo de crecimiento del producto agrícola y estableciendo las relaciones y magnitudes entre el crecimiento económico y la pobreza (Bourguignon, 2003; OECD, 2007; Ravallion, 2004a). Existen desde luego otros canales de transmisión que en este trabajo no son considerados.

Las economías de América Latina mostraron una tasa de crecimiento promedio anual del PIB per cápitade 1% y del PIB agrícola per cápita del 0,7%, entre 1980 y 2011. En este contexto, se observa una paulatina reducción de la participación del sector agrícola en el total de la economía. De este modo, las economías con un PIB per cápita más elevado muestra también una menor participación del sector agrícola. Sin embargo, esta relación inversa entre ingreso per cápita y participación del sector agrícola es menos pronunciada en América Latina que en el resto del mundo. Asimismo, la evidencia de las pruebas de causalidad de Granger muestra que existe un complejo vínculo entre la economía agrícola y el resto de los sectores económicos que se traducen en una causalidad bidireccional. Ello sugiere, atendiendo a la importancia del sector agrícola en AL, que es fundamental buscar una vinculación más virtuosa que contribuya al desarrollo agrícola, permita ampliar las oportunidades para la población rural y garantizar la seguridad alimentaria en el contexto del cambio climático (Timmer, 2002).

Las estimaciones realizadas para América Latina en este estudio confirman que el crecimiento económico reduce la pobreza y que la distribución del ingreso reduce las elasticidades del crecimiento económico sobre la pobreza o incide directamente sobre la pobreza. Esto es, el crecimiento económico reduce la pobreza y la mala distribución del ingreso la acentúa; ambos coeficientes son estadísticamente significativos con las distintas especificaciones y métodos aplicados. Así, los coeficientes de la elasticidad del crecimiento económico sobre los cambios en la pobreza se ubican entre -1 y -2,5 y de la elasticidad de la distribución del ingreso, medida por el índice de Gini, se estima entre 1,6 y 0,9 para América Latina. Destaca la relevancia de la distribución del ingreso ya que, por ejemplo, la redistribución tiene un efecto permanente sobre una mayor elasticidad del crecimiento económico sobre los pobres y además puede contribuir al crecimiento económico de largo plazo (Aghion et al., 1999; Alesina y Rodrik, 1994).

La evidencia para América Latina muestra además que los coeficientes de las elasticidades del crecimiento económico agrícola y del resto de la economía sobre la pobreza no son diferentes y que no es posible rechazar la hipótesis nula de que ambos coeficientes son iguales, utilizando los indicadores de pobreza de CEPAL. Sin embargo, el impacto del crecimiento económico agrícola sobre la pobreza es mayor que el impacto del crecimiento económico del resto de los sectores para el indicador de severidad de la pobreza considerando la línea de indigencia. De este modo, la composición del producto resulta relevante para combatir la severidad de la pobreza en América Latina (Bravo-Ortega y Lederman, 2005; Cervantes-Godoy y Dewbre, 2010; Ravallion y Datt, 1996).

Los resultados obtenidos en este estudio, con base en información de CEPAL, permiten argumentar que el efecto del crecimiento económico sobre la pobreza no es simétrico; esto es, la pobreza es más sensible a las caídas del ingreso que al aumento del ingreso, incluyendo el caso de la desagregación del impacto agrícola. En este sentido, resulta particularmente relevante evitar los episodios de caída del PIB agrícola y disponer de una red de protección social durante esos períodos; la información disponible muestra además que a los pobres les resulta más difícil enfrentar eventos climáticos extremos que puede incluso conducir a las conocidas trampas de pobreza y de baja productividad.

En este contexto, el cambio climático es un factor que incide sobre la pobreza en América Latina, ente otros canales a través de influir en el desempeño del sector agrícola. En efecto, la evidencia muestra que el cambio climático reduce el producto agrícola y en este sentido reduce el ritmo en el que se puede reducir la pobreza.

De este modo, el cambio climático es un factor que dificulta el cumplimiento de las metas de reducción de la pobreza. Por ejemplo, en un escenario con una pérdida simulada de 5,6% del producto agrícola de América Latina al 2025 entonces se estima que 3,8 millones de personas no saldrían de la indigencia como consecuencia del cambio climático; esta cifra puede ser incluso mayor en el caso en que la pérdida simulada sea consecuencia de caídas del producto y no solo de carencia de crecimiento. A su vez, al considerar el efecto de fertilización del carbono, el impacto promedio sobre la agricultura en la región al 2025 es de 3,4%. Ello implica 4,3% de personas menos que salen de la indigencia en relación con el escenario BAU lo que se traduce en 2,8 millones de personas que se mantiene en la indigencia como consecuencia del cambio climático. Así, estas pérdidas asociadas al cambio climático implican retardar las metas de reducción de la pobreza y por tanto resulta fundamental que América Latina y el Caribe (ALC) desarrolle una agricultura más dinámica, más inclusiva y más resiliente al cambioclimático como parte de una agenda social.

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