El golpe del cambio climático en la economía

[Página Siete, Natali Vargas, 15/03/2015]

Durante el siglo XXI Bolivia está en riesgo de perder el 8% de su PIB. Un estudio prevé los impactos en la infraestructura y la agricultura.

Los cambios en la temperatura media anual y en las precipitaciones  impactan directa e indirectamente en las condiciones de vida, la agricultura y  la infraestructura del país, con lo que  influyen de forma contundente en el escenario económico y plantean la necesidad de proyectar el crecimiento  tomando muy en serio el elemento climático.

Bolivia corre el riesgo de perder un 8% de su  Producto Interno Bruto (PIB) durante el siglo XXI, debido a las consecuencias del cambio climático en los factores mencionados. Así lo indica  el estudio “La dinámica del cambio climático en Bolivia”, realizado por los investigadores  Lykke Andersen y Luis Carlos Jemio, del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (Inesad), en colaboración con la  Universidad  Privada Boliviana (UPB).
El interés por los posibles efectos de este fenómeno sobre el clima futuro ha crecido enormemente debido al incremento  de la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero durante los últimos 50 años.
El documento del Inesad, que se perfila como  uno de los más completos  en materia de proyección de la economía boliviana bajo la influencia del cambio climático, especula sobre el futuro del país hasta  2100, a partir de dos escenarios climáticos que  fueron preparados por el Special Report on Emissions Scenarios (SRES).
De esta manera, el estudio  demuestra que el cambio climático, sobre todo las variaciones en los patrones de precipitación, puede  tener impactos económicos muy importantes para Bolivia.
Impacto en el PIB per cápita
Las proyecciones sobre el crecimiento del PIB per cápita del estudio muestran que la tasa de crecimiento aumentará  2% por año al principio del periodo de proyección hasta 3% al final. El hecho que esta tasa tienda a aumentar a través del tiempo se debe también al comportamiento proyectado de la población, la cual tiende a crecer a tasas decrecientes, e incluso negativas, como se expuso anteriormente.
Con esas tasas de crecimiento proyectadas, el PIB per cápita para el año 2100 ascendería a 12.000 dólares por habitante, un nivel que supera nueve veces al observado en 2010, que fue de sólo 1.394 dólares, de acuerdo con la cotización vigente en 2007. Las tasas de crecimiento del PIB per cápita proyectadas son el resultado de las tasas de crecimiento del PIB que resultan de la simulación que hizo el estudio y de las tasas de crecimiento de la población previstas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Cabe señalar que  la tasa de crecimiento de la población presenta una tendencia  decreciente hasta el año 2071 y negativa hasta el año 2100 (para esa gestión se prevé una población de no más de 17 millones de habitantes, la mayoría viviendo en ciudades). Es este comportamiento de la población el que incide fuertemente en el aumento de la tasa de crecimiento del PIB per cápita a través del tiempo.
Esas tendencias demográficas y de crecimiento tienden a producir cambios en la estructura del empleo. Las proyecciones apuntan  a que el empleo en las actividades agropecuarias, incluyendo agricultura, ganadería y silvicultura, se reducirá de 31,2% en 2010 a 19,4% en 2100, mientras que el empleo en el sector de servicios, incluyendo energía eléctrica, agua, transporte, y otros servicios, aumentará de 44,6% del empleo total en 2010 a 54,7% en 2100.
Agricultura
En total, el impacto directo de eventos climáticos extremos sobre el sector agropecuario se estima en 0,55% del PIB para el año 2100.  Actualmente la producción agrícola en Bolivia está marcada por un dualismo; la producción tradicional es realizada para el mercado local y para el consumo de subsistencia,  y la producción industrial está organizada en superficies grandes de territorio, parcialmente mecanizada y modernizada, y con una fuerte orientación hacia la exportación.
Por otro lado, la población rural llegaría a su máximo de 3,9 millones ya en 2040 y después empezaría a caer hasta 2,6 millones en 2100. Este comportamiento poblacional  implica que las futuras tasas de crecimiento de la población rural sean muchos menores que las que se han visto en el pasado, siendo incluso negativas durante la mayor parte del siglo XXI. Esto tiene importantes implicaciones para la distribución de tierra, los ingresos agropecuarios y la presión para deforestar.
Aunque el porcentaje de la población que se dedica a agricultura y ganadería decrece en el tiempo, se proyecta que la importancia del sector agropecuario dentro del PIB se mantendrá relativamente estable, decreciendo de 9,2% del PIB en 2000 hasta 8,3% del PIB en 2100; con  el supuesto de que la abundancia de tierra en Bolivia brinda ventajas comparativas al sector.
Infraestructura
La destrucción de la infraestructura productiva (como carreteras, instalaciones de abastecimiento de agua, edificios educativos o servicios de salud) implica la pérdida de inversiones costosas. En países como Bolivia, donde la falta de recursos económicos para la inversión es un problema permanente, esto ocasiona la paralización de las actividades económicas en las regiones afectadas.
El estudio muestra que, bajo un escenario de cambio climático  pesimista,  se espera que la concentración de dióxido de carbono  para el año 2100 sea de casi 850 partes por millón (ppm), mientras que bajo un escenario menos pesimista sería de  600 ppm.
Se estima que el daño por efectos del cambio climático  en la infraestructura pública en el período 2071-2100 tendrá  un costo económico de 93.000 millones de dólares.

Baja en caudal de ríos afecta la factibilidad de los proyectos de energía  hidroeléctrica

En un escenario en el que los efectos del cambio climático sean más pesimistas, las variaciones en las precipitaciones serán mayores -aunque no significativamente- en aquellos municipios donde se encuentran las centrales hidroeléctricas.
En ese sentido,  será mayor  la generación de energía termoeléctrica, pues se necesitará para compensar la caída en la oferta hidroeléctrica y, por ende, mayor será la perdida por cambio climático.
De todas maneras, aunque la variación sea menor, el impacto  del cambio climático en el sector energético  es similar a la larga. El estudio “La dinámica del cambio climático en Bolivia” calcula que las pérdidas por cambio climático en el sector eléctrico llegan a una caída del 18% en la generación de energía hidroeléctrica en el escenario en el mejor de los casos y de 20% en el peor; ambos porcentajes para el año 2100.
El responsable del capítulo relacionado con la energía del mencionado documento, Carlos Gustavo Machicado, compara el costo de la producción de la energía hidroeléctrica frente a la de termoeléctrica, tomando en cuenta la variable del cambio climático.
Machicado  explica que “lo que se ve es que disminuirán las precipitaciones pluviales,  entonces el caudal de los ríos bajará;  por lo tanto, la producción de energía hidroeléctrica será menor y, como la demanda es creciente, obviamente para cubrir la oferta habrá que producir más energía termoeléctrica”.
Ante este escenario surge la pregunta: ¿Qué es más costoso, producir energía hidroeléctrica o termoeléctrica?
Machicado contesta que aunque las características geográficas de Bolivia producen la probabilidad de caudales fuertes en los ríos, lo cual resulta beneficioso para la hidroeléctrica, igual las precipitaciones disminuirán en los próximos años.
Esto la convertirá en más cara que la termoeléctrica, al menos en el escenario actual, en el que los recursos hidrocarburíferos están en poder del Estado.
En general, durante todo el siglo, se espera un crecimiento de aproximadamente 11 veces lademanda eléctrica que había en   2009. Si uno observa el dato proyectado para la potencia medida en megavatios (MW), para 2100, Bolivia estaría demandando 15.875 MW.
Este nivel de potencia es totalmente factible de alcanzar, pues el potencial hidroeléctrico de Bolivia era de 39.850 MW en 2006, y en los últimos tres años se ha aprovechado muy poco de éste,  debido a la caída en las inversiones.
En un escenario poco pesimista de variaciones de la temperatura y las precipitaciones se estima una caída del 18,72% en la generación de energía hidroeléctrica, y en  el escenario más pesimista de los efectos del cambio climático la caída pronosticada es del 20,4%.

El interés por el clima futuro creció debido al aumento  de los   gases de efecto invernadero en los últimos 50 años.

12.000 dólares será el PIB per cápita  en Bolivia el año 2100, según el estudio realizado por Inesad.

La tasa de crecimiento de la población presenta una tendencia  decreciente hasta el año 2071 y negativa a  2100.

93.000 millones de dólares será la pérdida en infraestructura para el año 2100, en el peor de los casos.

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