Cómo curar el “estómago” del planeta

[Página Siete, Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza, 13/09/2015]
chaqueo p siete 1
“Hay que recordar que el suelo es como el estómago, los primeros centímetros del suelo están llenos de bacterias, microorganismos, levaduras, hongos y todo lo que impulsa la digestión de las hojas que caen”, afirmó la investigadora Isabel Moreno Rivadeneira. “Mantener saludable esta capa es como mantener una flora intestinal saludable”, añadió.
El suelo, la capa “donde existe la mayor cantidad de biodiversidad del planeta” puede enfermarse por prácticas en las que incurre el ser humano como, por ejemplo, los chaqueos.

Quema de biomasa
La palabra “chaqueo” es un término coloquial boliviano que designa a las quemas agriculturales de materia vegetal. Su nombre académico es “quema de biomasa” o biomass burning, explicó Moreno, quien se desempeña como investigadora en el Laboratorio de Física de la Atmósfera (LFA) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
El chaqueo es una práctica extendida en todo el mundo, sobre todo  en la zona tropical. “Hay quemas agriculturales en todas partes del mundo, pero en el cinturón tropical que contempla a África y Sudamérica hay más”, aseguró la especialista.

Las primeras consecuencias son para el pequeño agricultor, que pierde la fertilización natural de su suelo, pues se quema carbono, nitrógeno y algunas sales minerales que bien podrían nutrirlo.
Además, cuando el productor nota que su suelo perdió fertilidad y biodiversidad, comienza a emplear abonos y fertilizantes químicos.

La pérdida de biodiversidad hace que el suelo sea más vulnerable a fenómenos naturales. Un suelo en el que sólo crece pasto para alimentar al ganado, por ejemplo, es más vulnerable no sólo a los efectos de las sequías y las inundaciones, sino también al ataque de las plagas.
Pero no sólo se recurre al chaqueo para habilitar zonas ganaderas, sino también para habilitar terrenos para el monocultivo, por ejemplo, de soya o coca.
generación de humo
Otra gran consecuencia de la quema de biomasa consiste en la liberación de carbono y la generación de humo, como el que se observa en el nevado de Chacaltaya. En este caso, el hollín se deposita sobre los glaciares y los derrite.
Desde el observatorio que el LFA tiene en ese nevado se monitorea de manera continua y se confirma que cada vez que llega la época de chaqueo -entre junio y octubre- la cantidad de contaminantes transportados desde la Amazonía y Yungas es más grande.
En los años 80, Brasil era el mayor responsable de las quemas en la región, pero en años recientes las cifras de deforestación de Bolivia superan a las del país vecino.
De acuerdo a datos proporcionados por Moreno, en 2001, en Bolivia, se deforestaron 169 metros cuadrados por habitante y en Brasil, 155. En 2012, la superficie de bosques nacionales perdidos fue de 269.614 hectáreas, mientras que en el país vecino la cifra llegó a  2.827.021.
La extensión deforestada en 2012 fue mayor en el país vecino, pero su índice de deforestación por persona, 140,  es menor que el de Bolivia, que fue de 268 metros cuadrados.
El ritmo de quemas es variable. Por ejemplo, luego de un año seco hay mayor cantidad de maleza seca propensa a quemarse. Si, por el contrario, se tuvo un año húmedo, la vegetación húmeda al quemarse emitirá más humo pero no se extenderá tanto.
“Cuando la materia combustible es más seca se tiene mucho calor y mucha suspensión de materia y se sale de control”.
Falsa idea
“La gente tiene la idea de que al dejar la ceniza en el suelo está potenciando el suelo”, explicó Moreno. Ello es así porque la ceniza que se genera forma sales de amonio que penetran en el suelo, lo que hace que las bacterias tengan una mayor actividad. Pero el problema radica en que se trata de una reacción de muy corto plazo.
Los agricultores también recurren a la quema para generar cambios en el uso del suelo. Ello se ve cuando se habilita un bosque primario amazónico para criar ganado. Asimismo, también lo hacen para mantener una zona de pastoreo. “Vuelven a quemar porque retoñan las plantas, en una respuesta al estrés que se les produce”.
También se quema para eliminar plantas enfermas atacadas por plagas y para deshacerse de la maleza que se corta o arranca.
Para evitar incurrir en estas prácticas se deben buscar alternativas. Ante todo, lo que se debe hacer es pensar cómo se puede hacer sostenible un pedazo de tierra sin necesidad de quemar el suelo y causar la pérdida de biodiversidad. Algunas alternativas son la introducción de sistemas agroforestales y de permacultura.
Un sistema agroforestal es lo contrario a un sistema de monocultivo, pues combina plantas de diferentes especies. Por ejemplo, el café se puede combinar con árboles que le den sombra.
Otra forma es mantener los árboles que no dan fruto, pues su conservación favorecerá a la tierra ya que los huecos que hacen sus raíces hacen que el agua penetre más fácilmente, con lo que la humedad se conservará en la época seca. Asimismo, son una protección frente a la erosión provocada por el viento.
También se pueden usar las hojas, ramas y troncos, que normalmente se queman, para abonar el suelo. Además se puede combinar el cultivo de plantas con la crianza de determinados animales, cuyos desechos son excelentes fertilizantes. En el altiplano, por ejemplo, hay comunidades productoras de quinua que crían camélidos, cuyos desechos sirven para abonar los cultivos.
Permacultura
Estas prácticas son parte de la denominada permacultura, que es una visión que consiste en la imitación de ecosistemas para ponerlos al servicio del ser humano. Otra forma es disponer las hojas alrededor de las plantas para que éstas se descompongan formando un círculo bajo la copa de un árbol, por ejemplo, de naranja.
Moreno visitó la finca Los Perezosos en Churuquita Grande, Panamá, donde observó sistemas de permacultura tropical en los que se cultivan bananos, según un sistema denominado círculo mágico.
Allá vio cómo se conservan árboles que no producen leña ni frutos, pero que se podan regularmente. Esa materia, que consiste de hojas, ramas y troncos, se deposita alrededor de los árboles que producen frutos.
Una dificultad para implementar estas prácticas radica en que la gente normalmente es reacia a experimentar con  nuevas ideas. Para hacerlo, podrían organizarse en comunidades, sin embargo, el paso inicial debe partir de cada persona para luego replicar la experiencia a nivel comunal.
En el caso de los grandes productores de soya, coca o los ganaderos, las decisiones antes deben ser de tipo político. En Brasil hay regulaciones, pero a pesar de ello se vulneran áreas delimitadas, lo que sucede cuando los suelos se empobrecen por el uso de químicos y la gente tiende a expandirse, dejando una huella de aridez a su paso.
Como los resultados de estas prácticas tardan en notarse, las personas prefieren no hacer apuestas a largo plazo. Ello mucho más porque los resultados del uso de fertilizantes y abonos químicos son casi inmediatos. Esa es la principal dificultad para la curación de un suelo. “Por eso es mejor no enfermarlo”, afirmó la especialista al explicar que la situación es la misma en diferentes regiones, como el altiplano, la Amazonía o Yungas.

En la Amazonía hay poco suelo fértil, pero su capacidad de existir radica en que su sistema de reciclaje es muy eficaz, pues las hojas que caen se asimilan rápidamente por la acción de los microorganismos.

El círculo mágico

Se debe cavar en un círculo de dos metros de diámetro y de 0,5 a un metro de profundidad. Con la tierra extraída se hace un anillo alrededor del hueco. En el perímetro del anillo se deben plantar  cuatro a seis bananos; y entre ellos, un mismo número de plantas, por ejemplo,  de walusa o de camote.
En el hoyo del centro se debe depositar material orgánico como troncos de plátano, hojas, hierbas, cáscaras y desechos de cocina. Así se forma un área de fertilizantes.
El hueco mantiene el material en su lugar y las plantas del círculo absorben la luz del sol y no dejan espacio para que crezcan malas hierbas.
Con este sistema, los lugareños de Churuquita Grande, Panamá, que cosechaban un racimo de plátanos cada nueve meses, obtuvieron 17 racimos  en el mismo tiempo, según Moreno.

Otras prácticas

No deben tumbarse los árboles que parecen inútiles, pues se pueden usar como fertilizantes. Para ello es mejor usar plantas nativas, como el cuchi verde  (Gliricidia sepium).
El árbol fertilizante se poda regularmente y las ramas obtenidas se depositan alrededor de los naranjos, árboles de mandarina, papaya y otros.
También se puede enterrar un pedazo de tronco antes de sembrar un  árbol u otra planta como la yuca o el achiote. El tronco se descompondrá y proveerá de abono a la planta de manera sostenida.
Asimismo, las hojas secas favorecen el suelo, pues lo fertilizan y lo conservan húmedo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s