Argentina lleva una propuesta poco ambiciosa a la cumbre de París. INDC

[http://www.clarin.com/ Marina Aizen 13/09/2015]


La lucha contra el cambio climático.
El Gobierno apenas se puso una meta de reducción de CO2 de 15% al 2030.

Granjas eólicas. Argentina tiene un potencial envidiable en aerogeneración.

Granjas eólicas. Argentina tiene un potencial envidiable en aerogeneración.

En las últimas dos décadas, Argentina duplicó la producción de gases que calientan la atmósfera, lo que ubica al país en la lista de los primeros 20 emisores del mundo. Sin embargo, a la hora de trazar planes para combatir el cambio climático, el Gobierno está pensando en un medidas tibias y controvertidas, como la construcción de megaobras como las represas del río Santa Cruz y plantas de energía nuclear –que son muy costosas–, mientras se le deja un papel secundario a la generación de fuentes renovables –mucho más barata–, a la que se le asigna apenas un 8 por ciento de la matriz para 2030.
La filosofía con la que se está haciendo el documento de contribuciones nacionales de adaptación y mitigación del cambio climático (conocido con las antipáticas siglas en inglés, INDC) parece ser juntar toda la obra que está en marcha, asignarle un rol en la reducción de gases de efecto invernadero y nada más. Acaso porque el Gobierno se está yendo, no hay una verdadera proyección a futuro o apuestas innovadoras, por lo cual prefiere fijar una meta baja en lugar de planes que no se puedan cumplir.

El miércoles pasado, la Secretaría de Ambiente convocó a la sociedad civil, el sector privado y académico en una reunión en el que mostró las metas preliminares que presentará ante las Naciones Unidas en los primeros días de octubre. Aunque hubo satisfacción por el nivel de participación en el evento, sorprendió lo poco ambicioso que es el plan de reducción de emisiones, que sería del orden del 15 por ciento, por debajo de lo que están presentando otros países.

“La propuesta nos parece blanda. Nos estamos comprometiendo poco”, indicó Pablo Boniscontro, de Aclimatando, una agrupación de jóvenes contra el cambio climático. “Son medidas ya en marcha o actualmente en agenda”, agregó.

Entre otras cosas, puso en duda la contribución en la mitigación que podría tener la construcción de las represas Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic, obras muy resistidas entre las ONG porque modificarán para siempre el magnífico río Santa Cruz y su biodiversidad única. “Las represas son cuestionables en cuanto al tema de las emisiones”, apuntó, enfatizando que estos grandes embalses liberan metano en el ambiente.

Por su lado, Rocío Rodríguez, de Herza Global, una consultora dedicada a medir huella de carbono, resaltó que se ha venido “trabajando contrarreloj” y que “los primeros resultados son conservadores”.
Juan Pablo Vismara, de la Secretaría de Medio Ambiente, le reconoció a Clarín que “la idea de la INDC es que hay que cumplirlos sí o sí, aunque hacia adentro tenemos que ser más ambiciosos. Siempre existe la posibilidad de mejorar. No vas a presentar algo que no podés cumplir”.

Entre otros planes, mencionó la electrificación de líneas de ferrocarril, que se harán con un crédito chino de 2 mil millones de dólares; la posibilidad de elevar el corte de combustibles con aceites vegetales hasta un 20 por ciento, y el refuerzo de la eficiencia energética. Además, habrá un componente de reforestación con financiación externa, aunque no se sabe cómo se hará. Pero, con los planes en la mesa, lo sorprendente es el bajo porcentaje asignado a las energías renovables. El 8 por ciento de la matriz es lo que establece la ley 26190, que debería cumplirse para 2016, o sea, dentro de pocos meses. Casi nada se ha hecho para hacer avanzar esta norma. Argentina tiene un altísimo potencial de generación eólica en la Patagonia y una radiación solar envidiable en el NOA.

“Muchos proyectos que se toman en cuenta en las actividades de mitigación son los que están en marcha”, se quejó Juan Carlos Villalonga, líder de Los Verdes y presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad de Buenos Aires. “Es como hacer trampa”, afirmó, ya que las políticas que se están ejecutando tienen otra categorización en las Naciones Unidas. Se llama Business as Usual: lo mismo de siempre.

Cada argentino genera 10 toneladas de CO2 por año

Argentina emite 0,88 por ciento del dióxido de carbono (CO2) que se produce en el mundo, pero cada uno de nosotros es responsable de 10 toneladas al año de estos gases, lo que nos coloca en las ligas de los contaminadores importantes. No somos como los Estados Unidos, cuyos ciudadanos generan con su estilo híper consumista de vida 23 toneladas de CO2, pero estamos por encima de muchos países europeos –España, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Polonia– y también de los chinos, que tienen la mayor clase media mundial.

“Terminemos con el concepto de que la Argentina emite poco”, dice con vehemencia Vicente Barros, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). “El nivel per capita preocupa porque es muy elevado”, sostiene.

Según Barros, uno de los autores de los escenarios climáticos de la Argentina, las emisiones del país crecieron 90 por ciento en los últimos años, por encima del promedio de los países de ingresos medios.

Hay varias razones por las que tenemos una huella ambiental tan alta. Una es nuestra matriz energética: el 87 por ciento está alimentada por combustibles fósiles (y le acabamos de sumar una central a carbón en Río Turbio: la peor noticia para el medio ambiente). Otra es la alta tasa de deforestación, que si bien se ha desacelerado desde la sanción de Ley de Bosques, no se ha detenido.

“En Argentina hizo mucha diferencia la deforestación”, señaló Barros. En los últimos 20 años, también hubo un incremento exponencial de la superficie cultivada, lo que genera emisiones vía utilización de fertilizantes nitrogenados. La ganadería también tiene una impronta elevada, así como la basura, las plantas cloacales que no capturan metano y los efluentes industriales. Cuando las bacterias se reproducen sin presencia de oxígeno, como pasa en el Riachuelo, se genera el metano.

Gabriel Blanco, investigador del Centro de Ciencias Ambientales y Tecnologías de la Universidad Nacional del Centro, sostiene que el 0,88 por ciento de las emisiones de la Argentina puede “parecer poco, pero la gran mayoría de los países emite ese porcentaje”.

“Hay que mirar múltiples indicadores. Si nos preguntamos si Argentina es un gran emisor desde el punto de vista de la responsabilidad histórica, la respuesta es no. Pero su presente y su proyección empieza a ser preocupante”, agrega Blanco. Y concluye: “Para los países del Africa, por ejemplo, nosotros somos los ricos. Hay una cuestión ética que atender. Está perimido el discurso de que porque aquel no hace nada, yo no hago nada tampoco. Obviamente hay responsabilidades diferenciadas, lo que no quiere decir que uno mire para un costado”.

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