¿Reforestación?

[La Razón (Edición Impresa) / Daniel M. Larrea / 08 de octubre de 2015]

Bajo el lema “Un árbol por cada boliviano” se ha retomado la campaña nacional de reforestación con la meta de alcanzar 10 millones de árboles sembrados. A todas luces este emprendimiento surge como una respuesta a las fuertes críticas por la aprobación del DS 2366 que permite la exploración y explotación de hidrocarburos en áreas protegidas. Más allá de esa coyuntura, vale la pena analizar qué significan estos 10 millones de árboles, sobre todo al tratarse de una política pública que favorece, en cierta forma, la recuperación de bosques y que se desprende del marco legal promovido por la Ley 337.

Evidencia científica estima que el número de árboles en una hectárea de bosque amazónico (de los bosques más diversos de Bolivia) oscila entre los 500 y 600, y que en esa superficie pueden encontrarse entre 60 y 140 especies forestales. Asumiendo que los 10 millones de arbolitos llegaran a su estado adulto, 17.000 ha de bosque habrían sido reforestadas. Reportes publicados del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) y la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) sugieren que la pérdida anual de bosque en 2000-2010 osciló en torno a las 200.000 ha/año aproximadamente, es decir, que con las 17.000 ha se habría recuperado tan solo el 8,5% del bosque deforestado en un año promedio.

Sin analizar el hecho de que los arbolitos no serán plantados en las tierras de producción forestal permanente (TPFP) o en las servidumbres ecológicas que se han perdido estos años, y que la mortalidad natural al menos disminuirá la cantidad final de árboles, es plausible pensar que el esfuerzo de alcanzar los 10 millones de árboles plantados ayudará muy discretamente al problema de la pérdida de áreas forestales que ha ocurrido en Bolivia (estimada en más de 4,9 millones de ha desde los 70). Es necesario incluir otros criterios técnicos que complementen esta campaña, por ejemplo, promover y manejar la regeneración o sucesión natural de los bosques que se han perdido. No olvidemos que la regeneración es un proceso inherente al bosque, que ayuda directamente a su restitución estructural (especies y complejidad) y sobre todo la de sus funciones (biomasa, ciclos de nutrientes, etc.).

No podemos negar que la actual campaña puede generar alguna sensibilidad en jóvenes, niños y, por qué no, algunos adultos, sobre todo en aquellos lugares donde se están plantando los arbolitos (por cierto, en muchos casos pinos). Pensar que el éxito del Programa de Forestación y Reforestación depende únicamente de este esfuerzo es simplificar el problema actual de los bosques. Además, la ampliación de la superficie de desmonte de 5 a 20 ha y la verificación de la función económica social (FES) de 2 a 5 años no parecen ir en el mismo sentido, lo que plantea un futuro al menos incierto para nuestros bosques.

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