“Bolivia no va a reducir emisiones al 2030, se van a incrementar”

[Isabel Mercado  /Enviada especial de Página Siete a París, 06/12/15]

A Pablo Solón, exembajador de Bolivia ante las Naciones Unidas le toca estar en la otra orilla. Como miembro del Gobierno, fue parte durante varios años del equipo de negociadores del país en varias conferencias climáticas y fue un importante interlocutor de la propuesta del Vivir Bien.
Solón encabezó resoluciones exitosas sobre el Derecho Humano al Agua, la Madre Día de la Tierra Internacional, Armonía con la Naturaleza  y los Derechos de los Pueblos Indígenas en las NNUU;  fue muy activo en las negociaciones sobre cambio climático y ayudó a organizar la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático en Tiquipaya en 2010.
Ahora, alejado y crítico del Gobierno, ha vuelto al activismo en temas ambientales. Está en París como parte del activo grupo de sociedad civil, que lidera propuestas a un acuerdo que se asume como extremadamente tibio.

¿Cuál es su pronóstico para la  COP de París?
La COP 21 de París va a llegar a un acuerdo, es casi un hecho. La pregunta es si ese acuerdo va a lograr o no salvar al planeta.  La respuesta a ello también la tenemos: el acuerdo que salga de París no va a limitar el incremento de la temperatura a menos de dos grados centígrados, que es la meta fijada por la ciencia para evitar una catástrofe planetaria.
El informe oficial de Naciones Unidas es que la temperatura del planeta podría llegar a cuatro o cinco grados centígrados debido a que las contribuciones de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que más de 180 países han hecho llegar a la COP son absolutamente insignificantes.
De seguir aumentando el calentamiento global, ¿en cuánto tiempo podríamos llegar a esos cuatro  grados fatales?
Actualmente estamos en 0,9 grados de aumento. Los desastres naturales que estamos viviendo son producto de un incremento de la temperatura de casi un grado centígrado. Lo que dice la ciencia es que deberíamos limitar el incremento de la temperatura a menos de 1,5 grados, porque más de eso es un riesgo catastrófico.
En el caso de los países insulares, un incremento de la temperatura a 1,5 grados los pone en un serio problema porque el polo norte se derrite, sube el nivel del océano y esos países quedan bajo el agua. Tubalu es uno de los claros ejemplos. Su Presidente ha hecho una reunión bajo el agua para mostrar la gravedad de lo que ya está viviendo su país.
¿En cuánto tiempo se puede alcanzar esa proyección?
En este siglo, hacia la segunda mitad o un poco más. Lo que advierten los científicos es que cuando te aproximas a los dos grados se produce una reacción en cadena. Es como cuando se hace hervir el agua y pasa de un estado líquido a vapor; se produce un cambio en la calidad del elemento.
En el caso del clima es lo mismo, no es un poco más caliente, sino una reacción en cadena que tiene un efecto dominó.
El presidente Obama dijo en su discurso en esta COP: “Nosotros somos la primera generación que está sufriendo los impactos del cambio climático y somos la última que puede hacer algo para evitarlo”. Esa es la realidad. O empezamos ahora o mañana, cuando querramos hacerlo, será demasiado tarde.
¿Estamos en condiciones de llegar a alguna solución en este tipo de reuniones?
No es posible en lo inmediato. Como sociedad civil llevamos 21 años persiguiendo a las COP sin tener resultados. Después de ésta ya no tenemos esperanza, hay que ser realistas: las emisiones no se van a reducir, sólo van a aumentar menos. Los negociadores se alegran porque no aumentan mucho, pero el efecto es igual de catastrófico. Lo que se necesita es que empiecen a bajar.

¿Qué es lo que impide un acuerdo a pesar de este diagnóstico después de 21 años?
El problema son los poderes que están presentes en la negociación. Uno es el poder de las grandes empresas de petróleo, de carbón; las grandes empresas agroindustriales que perderían mucha plata si se aplica una reducción global de emisiones.
Los combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón) son responsables de dos tercios de las emisiones de gas de efecto invernadero. Lo que dice la Agencia Internacional de Energía es que habría que dejar bajo tierra el 80% de las reservas de combustibles fósiles. Hacer eso significa pérdidas millonarias para estas grandes corporaciones, que no están dispuestas a sacrificarse.
Más bien están dispuestas a comprar a muchos gobiernos para que no lo permitan. Incluso en Naciones Unidas, esta COP -como todas- es auspiciada por las grandes empresas llamadas a reducir las emisiones, que presionan para que los acuerdos no perjudiquen sus ganancias.
El otro aspecto es la dinámica de los gobiernos. Yo he sido parte del gobierno del MAS y entiendo ahora mejor que la dinámica es qué hago para que a mi gobierno le vaya mejor.
Si hablamos de un problema de acá a 15 años, pues que lo arregle quien esté en ese momento en el Gobierno. No se toman las medidas que son necesarias porque pueden ser impopulares.
Por ejemplo, decir no vamos a permitir más transporte con diésel o decir no vamos a desmontar más los bosques es irreal, porque eso puede generar conflictos con los agroindustriales o los colonizadores.
La lógica del político es la lógica de lo inmediato: qué hago para mantener mi popularidad  y evitar conflictos  durante mi gestión de gobierno. Más si hay enfrente una reelección.

Entonces, ¿dónde está la solución?
Desde mi punto de vista, la solución tiene que venir desde la sociedad civil. No va a llegar ni de los políticos ni de los hombres de negocios.
La presión de la sociedad civil -de los sectores vinculados a la producción de alimentos, los municipios que buscan energías alternativas, de los jóvenes- es fundamental. Y no es fácil por la complejidad del problema. Vamos a sufrir muchos impactos hasta reaccionar. Fue el caso de Fukushima: había un movimiento antinuclear por años, pero sólo ante el desastre se volvió en un movimiento masivo que obligó a cerrar centrales nucleares.
Es de esperar que esa reacción sea lo suficientemente fuerte para reencauzar este proceso.
Usted ha sido parte del Gobierno y ha participado como negociador por Bolivia en varias COP. ¿Por qué la distancia ahora y cómo ve la posición boliviana en estos temas?
Bolivia va por el mal camino. Está apostando fundamentalmente a tres cosas: 1) la extracción de combustibles fósiles para su exportación; 2) la construcción de megarrepresas hidroeléctricas para la exportación de energía; y 3) la expansión de la agroindustria para la exportación. Personalmente pienso que es un error muy grande, va a contramano de todo lo que habíamos propuesto cuando empezó este Gobierno, cuando fuimos parte del proceso.

¿Y qué es lo que había propuesto el Gobierno?
Cuando se llegó al Gobierno -y hay un documento que lo prueba, que se llama el Plan Nacional de Desarrollo para Vivir Bien- se decía: Queremos dejar de ser un país extractor de materias primas y monoexportador; queremos desarrollar una economía diversificada, para adentro, para los bolivianos y no pensando en las exportaciones. Ese documento claramente critica la visión de pretender cada año tener un indicador de crecimiento económico alto.
El Vivir Bien -y se lo ha escrito varias veces- no significa buscar más y más crecimiento, sino el equilibrio, el autoabastecimiento, la armonía con la Naturaleza, con los seres humanos.
Es un modelo que busca la redistribución, mientras que lo que tenemos ahora es un modelo que busca crecer y crecer y fundamentalmente a partir de la exportación de materias primas.
No tiene nada que ver con el modelo original; yo realmente creo que el Vivir Bien no era sólo un discurso, tenía y tiene propuestas concretas.
Y, ¿dónde quedaron esas propuestas?
Lo que pasa es que esta propuesta no ha sido asumida por todos. ¿Por qué apostamos por los combustibles fósiles si podemos apostar por la energía solar? Tenemos una radiación solar alta, tres veces más que Alemania;  la tecnología de los paneles solares ha bajado dramáticamente, va a ser más barata que la energía de las megarrepresas.
Yo creo que en vez de invertir en represas y entrar a los parques nacionales deberíamos invertir en energía solar, que mostraría en la práctica que buscamos la armonía con la naturaleza.
Un error que cometimos desde el Gobierno -y me incluyo-  es que fuimos muy críticos del sector privado y pensamos que todo lo bueno viene del sector estatal. Es un error. Creo en verdad que no hay sólo dos polos en la economía (privado y estatal), también está la sociedad y la energía solar permite empoderar a la sociedad. La propuesta está ahí, es posible. La pregunta es por qué no se la hace.

¿Y por qué no se la hace?
Yo creo que por la lógica política. Apostar, por ejemplo, por no ampliar la frontera agrícola es enfrentarse a la agroindustria de Santa Cruz, que es un sector de poder económico.
Y lo que más se quiere para ser reelegido es no generar esos conflictos. Ergo, mejor dejamos que hagan lo que quieran. Lo que prima es la lógica pragmática de qué es lo que hago para estabilizarme en el poder y no qué debería hacer para enfrentar la crisis ambiental. Bolivia tuvo un liderazgo en temas ambientales hace algunos años, y ahora cuesta encontrar una coherencia…
Lo que ocurre es que de la propuesta original sólo quedan algunas frases discursivas, como aquella de que salgamos fuera del capitalismo. No están acompañadas de medidas concretas. Por ello, el discurso de Bolivia va perdiendo atracción. Eso se ha visto acá en París. Nadie dijo: qué gran propuesta la boliviana. Los activistas climáticos no son tontos, aprecian un buen discurso pero saben qué es lo que se hace en casa. El país va perdiendo credibilidad.
Otro problema es que en Bolivia el debate no ha empezado aun. Sólo tenemos a los que están a favor y los que están en contra de la reelección, pero ¿cuál es el modelo de país que queremos? Eso nadie lo sabe ni lo dice. Hubo una “agenda de octubre” que promovió un cambio y ahora la repetimos sin pensar una agenda desarrollista que ya no se adecúa a  estos tiempos. Además, muchos bolivianos han mejorado su condición económica y no están dispuestos a arriesgarla. Lo malo es que la promesa gubernamental de crecer un 5% cada año hasta el 2025 -lo firmo y lo suscribo- no es posible.

Bolivia ha presentado su informe de contribuciones para esta COP, ¿qué opina sobre el mismo?
Hay dos comentarios al informe de Bolivia. Uno sobre la reforestación y otro sobre energía. El Gobierno tiene la propuesta de aumentar la generación de energía eléctrica a base de grandes hidroeléctricas para la exportación. El problema es que este tipo de generación de energía significa graves impactos para los bosques, contaminación con metano y daños irreversibles a la biodiversidad. Por otro lado, han anunciado que van a deforestar tres millones de hectáreas hasta   2020.
Es terrible, pero eso dice el documento. Claro que luego anuncian que lo compensarán porque van a reforestar 4,5 millones de hectáreas. Al final pareciera que queda un importante saldo a favor. El problema es que la deforestación de los tres millones sí se va a dar, pero la reforestación no. Y no se va a dar por el costo: reforestar una hectárea significa plantar 1.000  plantines.
Y eso representa, tomando en cuenta que cada arbolito cuesta un dólar, 1.000  dólares por hectárea. Si hablamos de reforestar 4,5 millones de hectáreas es como dos terceras parte nuestra deuda externa. Y no se va a dar.

}¿Por qué plantearlo?
Porque las cifras tapan la realidad. Permiten que se diga deforestamos  pero reforestamos. Y nadie se pregunta si será posible la reforestación en estas cantidades y proporciones.
El Ministerio de Medio Ambiente impulsa la reforestación y es loable, pero, ¿cuánto realmente se va a reforestar? Se dice un millón de arbolitos, y esta cifra, dividida entre 1.000 arbolitos por hectárea da 1.000 hectáreas y eso no es nada porque al año tenemos 162 mil hectáreas deforestadas. Saludo que se reforesten 1.000 hectáreas con un millón de arbolitos, pero seamos realistas eso nos da un total de 10.000 hectáreas en el mejor de los casos. Por eso, la conclusión final es que Bolivia no va a reducir sus emisiones hasta  2030, se van a seguir incrementando.

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