Discurso de Evo en la ONU marca contradicciones con la realidad boliviana

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[JIMENA MERCADO C./ AGENCIA DE NOTICIAS FIDES(ANF)/16 DE ABRIL DE 2018  ]

Operativos represivos a indígenas, ausencia de consulta a pueblos afectados por megaproyectos en sus territorios y el anuncio de explotación vía fracking son algunas de las contradicciones marcadas con la realidad boliviana.

 El presidente Evo Morales se hizo presente en la 17 sesión del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York. En un discurso alejado de la realidad boliviana, reivindicó los derechos de la Madre Tierra y los pueblos indígenas y evitó hablar de los varios casos de vulneración de sus derechos desde el Estado.

Al inicio de su discurso Morales reclamó a la ONU: “No podemos debatir sobre cuestiones indígenas, lo correcto son los derechos de los pueblos indígenas del mundo, si queremos salvar a la humanidad, la lucha no es sólo por los pueblos indígenas, es por toda la humanidad”.

Sin embargo desde el Gobierno se cometió brutales represiones en contra de los indígenas; el más emblemático, el de Chaparina el 2011, cuando la VIII Marcha en defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) fue interceptada por efectivos policiales que golpearon, maniataron y arrastraron a los marchistas.

La represión policial a la comunidad guaraní de Takovo Mora perpetrada en agosto de 2015 por exigir la consulta previa para la exploración petrolera, también quedó en los anales de la historia como uno de los sucesos más oscuros del Gobierno de Morales.

Las organizaciones no gubernamentales (ONG), instituciones de la sociedad civil y líderes que se pusieron del lado de la defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas fueron estigmatizados y descalificados por las máximas autoridades gubernamentales, tal como sucedió con el Cedib, actualmente con sus cuentas congeladas e impedido de trabajar.

Morales también demandó a la ONU que “debemos garantizar la existencia de la Madre Tierra, o no podremos garantizar la vida (…). Estamos en todo el mundo, a algunos pueblos indígenas los exterminaron, pero nosotros seguimos presentes”.

Sin embargo en Bolivia, no sólo se flexibilizaron las normas ambientales al punto de que las Áreas Protegidas, Parques Nacionales y Territorios Indígenas se abrieron a las actividades petroleras, sino que también los pueblos indígenas están amenazados de desaparecer como consecuencia de megaproyectos de desarrollo energético.

El anuncio más reciente que ha alarmado a ambientalistas y pueblos indígenas es la incursión del fracking en Bolivia para la exploración de gas no convencional, un sistema ampliamente explotado en Estado Unidos y conocido por sus impactos ambientales irreversibles.

También queda como antecedente que a pesar que el 2016 la Central de Comunidades Indígenas Tacana II II Río Madre de Dios (CITRMD) y la china BGP alertaron de la presencia de un pueblo en aislamiento voluntario, probablemente Toromonas en la zona de sísmica en el norte de La Paz, el Estado boliviano negó la presencia del pueblo no contactado con el argumento de que no hay pruebas fehacientes de su existencia.

El Gobierno también puso en subasta internacional 100 áreas de exploración hidrocarburífera tanto en zonas tradicionales como en reservas naturales y territorios indígenas sin previo consentimiento de los indígenas, campesinos u originarios.

Actualmente dos comunidades guaraníes pretenden frenar las obras de la hidroeléctrica Rositas, que se estima inundará más de 45 mil hectáreas, mientras que la Mancomunidad de Comunidades Indígenas de los ríos  Beni, Tuichi y Quiquibey se encuentra en estado de emergencia ante el avance los trabajos de Geodata para ejecutar la mega-hidroeléctrica Chepete Bala que se estima inundará más 650 kilómetros cuadrados de la Amazonía.

En ninguno de los dos casos se realizó la consulta previa, libre e informada, y menos aun de buena fe desde el Estado, que en lugar de transparentar los impactos de sus proyectos se ha dado a la tarea de minimizarlos.

Evo Morales también ha dicho en el Foro de la ONU que “si queremos garantizar los derechos de la Madre Tierra, debemos combatir al imperialismo, capitalismo, intervencionismo y armamentismo; son políticas orientadas a llevarnos al genocidio. ¿Cómo es posible que haya países que inventan problemas políticos para intervenir y saquear?”.

Contrariamente el Gobierno de Morales ha alentado un modelo de desarrollo extractivista basado en los hidrocarburos, minería y a la apuesta en la energía al punto que se invierten miles de millones de dólares en busca de convertir a Bolivia en el centro energético de la región.

Para los analistas económicos, el nuevo imperio es la República Popular de China, con la que Bolivia firmó contratos por $us 7.000 millones para infraestructura vial, hidroeléctricas, plantas de industrialización de hidrocarburos entre otros que ha significado vulneración de derechos laborales y de los pueblos indígenas.

El mandatario aseveró que en Bolivia y América Latina, el movimiento indígena defendió y recuperó los recursos naturales para el pueblo. “Asumamos la responsabilidad ante la ONU de garantizar derecho de la Madre Tierra, para garantizar la vida, las futuras generaciones”, dijo.

Contrariamente, los pueblos indígenas hoy más que nunca no se sienten dueños de los recursos naturales ni de sus territorios, ante la incursión del Estado en proyectos reñidos con el medioambiente. Alertan que están en peligro de etnocidio.

 

/JMC/ 
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