La contradicción de los multimillonarios que luchan contra el cambio climático

Bill Gates, Elon Musk, Michael Bloomberg y Jeff Bezos tienen en común que son multimillonarios que, de una manera u otra, tienen un papel activo en la lucha contra la crisis climática. Sin embargo, todo el dinero que invierten en frenar el calentamiento global no soluciona la raíz del problema: un sistema de consumo masivo que contribuye a la degradación del planeta y una sociedad con cada vez mayores emisiones de las cuales este 1 % es mayoritariamente responsable.

Fuente: France24 24/03/2021

Un nuevo tipo de filantropía se está haciendo cada vez más común: multimillonarios que invierten sus fortunas en la lucha contra el cambio climático. Un dinero bienvenido que puede ayudar a desarrollar tecnologías, construir infraestructura o implementar soluciones que contribuyan a mitigar los efectos de la crisis ambiental. Así lo están haciendo Elon Musk, el cofundador de Tesla, o el fundador de Amazon, Jeff Bezos. Son dos de los nombres que resuenan ahora en la esfera de los millonarios convertidos en activistas ambientales.

Una frase que puede sonar contradictoria teniendo en cuenta que el porcentaje más rico de la población es quien más daño hace en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, consumo de materias primas y explotación de recursos para lograr mantener su nivel de vida. Sin embargo, muchas de las tecnologías que se están desarrollando para precisamente mitigar el impacto humano en el planeta, están siendo posibles gracias al dinero invertido por estas personas. 

El sudafricano Elon Musk lanzará el 22 de abril, Día Internacional de la Tierra, los lineamientos del proyecto ‘XPrize Carbon Removal’ que donará 100 millones de dólares a las tecnologías que prueben ser más eficaces para extraer de la atmósfera y de los océanos una tonelada al día de dióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. La competición durará al menos hasta el año 2025 y pretende encontrar soluciones que puedan almacenar el carbono durante al menos 100 años. 

Por otro lado está el estadounidense Jeff Bezos, que lidera la lista de los hombres más ricos del mundo. Según el multimillonario, el cambio climático “es la mayor amenaza a nuestro planeta”. Por eso lanzó en 2020 el ‘Earth Fund’, un fondo de 10.000 millones de dólares que Bezos pretende agotar antes de 2030 y que, con menos de un año de existencia, ya ha recibido críticas por entregar el 8 % de este dinero a organizaciones ya muy bien establecidas que cuentan con altos presupuestos, en lugar de dirigir ese dinero a entidades con más diversidad y que traten temas como la Justicia climática o el denominado racismo ambiental.

Un tema que toca de lleno a la gigante Amazon, compañía de la que aún Jeff Bezos es presidente ejecutivo. La empresa enfrenta presión por parte de organizaciones ambientales acerca de las altas emisiones que generan la venta online y el transporte de la mercancía. Unas emisiones que equivalen a las que produce todo Portugal, un país de más de 10 millones de habitantes. Según estas organizaciones, las emisiones de Amazon afectan a poblaciones mayoritariamente de bajos ingresos, afroamericanas o latinas en Estados Unidos, donde están muchas de las plantas de Amazon.

En un tweet reciente, el que será el director ejecutivo del fondo ambiental de Bezos, Andrew Steer, hacía referencia a que precisamente la justicia climática sería uno de los objetivos de estos recursos.

Las grandes riquezas son la semilla de muchos de los problemas ambientales actuales

Pero el papel de estos multimillonarios no está exento de polémica porque, por muchos millones de dólares que inviertan en combatir los efectos del cambio climático, son una parte fundamental del problema al ser el producto de un sistema capitalista basado en un consumo desmesurado, uno de los factores principales de la desaparición de hábitats, de materias primas y de la reducción de la biodiversidad en el planeta.

El hecho de que la solución al cambio climático se base en el dinero que decidan o no invertir estas personas nos pone en una situación de dependencia de sus preferencias y a merced de su influencia. Además, por cada multimillonario que invierte dinero en soluciones para combatir el cambio climático, existen otros tantos invirtiendo su fortuna en industrias nefastas para el medio ambiente como la de los combustibles fósiles o la minería.

Por otro lado, la inequidad económica se convierte en desigualdad climática: cuanto más tienes, más consumes y cuanto más consumes, más degradas el medio ambiente. De hecho, la huella de carbono por el consumo per cápita del 1 % más rico es 100 veces mayor que la del 50 % más pobre de la población mundial. Así lo afirma un informe de la organización Oxfam y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, que indica que las emisiones anuales subieron en un 60 % entre 1990 y 2015. El 10 % más rico de la población mundial fue responsable de más de la mitad de estas, mientras que el 50 % de la población más pobre solo emitió el 7 % de las emisiones acumuladas.

Si hablamos de personas como Jeff Bezos, Elon Musk o Bill Gates, que están en el top cinco de los más ricos del planeta, su parte de responsabilidad en cuanto a emisiones se dispara: el 1 % de la población, en el que están estos multimillonarios, generó el 15 % de las emisiones y consumió el 9 % del presupuesto de carbono que tenemos para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de mantener el aumento de temperaturas por debajo de 1,5 ºC. Un presupuesto que, si seguimos con el ritmo de emisiones que llevamos, se agotará en el 2030. Es decir que, a partir de ese momento, las emisiones netas tendrían que ser equivalentes a cero para conseguir controlar el aumento de las temperaturas en el planeta.

Y los propios multimillonarios son conscientes de esta desigualdad. Bill Gates, en su último libro titulado ‘Cómo evitar el desastre climático’, reconoce que “él es un mensajero imperfecto” cuando se trata de hablar de cambio climático y que se siente “culpable” por su enorme huella ambiental. Dos renglones después, Gates se justifica explicando que está invirtiendo en tecnologías para revertir su impacto pasado, presente y futuro.

Según el fundador de Microsoft, “no hay nada malo en consumir más energía siempre y cuando sea libre de carbono”. Una filosofía de vida que, hasta que las tecnologías necesarias para que exista el consumo sin impacto ambiental se vuelvan comunes y masivas, seguirá contribuyendo a la degradación del planeta. 

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